
La creciente deuda de Francia, sumada a una conflictividad social cada vez más descontrolada, está generando una tormenta perfecta en el mercado de bonos e impulsando la rentabilidad de la Obligation Assimilable du Trésor (OAT) a 10 años por encima del 5 % por primera vez desde 2002. El temor de los inversores ante la incapacidad del Gobierno francés para presentar un plan de ahorro creíble ha intensificado la preocupación por una crisis crediticia que frene la reciente recuperación del euro.

La deuda pública de Francia alcanzó los 3,596 billones de euros en el segundo trimestre del año, el 119 % de su PIB y su nivel más alto desde la posguerra, con un Gobierno débil que carece del apoyo parlamentario necesario para aprobar un plan de ahorro significativo.
Es poco probable que las principales fuerzas de la oposición, la extrema derecha de Le Pen y la extrema izquierda de Mélenchon, respalden alguna iniciativa destinada a sanear las finanzas públicas. Ambas esperan su oportunidad, con la expectativa de aprovechar la impopularidad del Gobierno para llegar al poder en las elecciones del próximo año.
Para agravar la situación, las protestas estudiantiles que comenzaron hace unas semanas se han extendido por el país y desembocaron en violentos disturbios el pasado fin de semana, lo que ha obligado al Gobierno a imponer toques de queda parciales en varias ciudades esta semana.
El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció el miércoles que se reunirá con los servicios de inteligencia ante la previsión de que las protestas se reanuden el sábado.
En este contexto, el diferencial entre la rentabilidad del OAT francés a 10 años y la del Bund alemán, considerado más seguro, un indicador que el mercado utiliza para medir la prima de riesgo del país, se ha disparado hasta los 160 puntos básicos, su nivel más alto desde la crisis financiera de 2009-2011.